Reflexiones sobre la Ley Scout para Scouts de Argentina
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En determinadas ocasiones es necesario realizar reflexiones sobre la Ley Scout de Scouts de Argentina
[editar] 1. El Scout ama a Dios y vive plenamente en su fe
Dios está siempre presente en nuestra existencia cotidiana y aspiramos a que Él también esté metido en nuestro corazón.
La presencia de Dios es parte de nuestra vida. Dios, como autor de toda cosa, es el primer destinatario de nuestro compromiso, el que se hace ante Él y por Él.
Nos comprometemos a intensificar la relación de amistad con Dios. De ahí que lo primero que prometemos es amar a Díos. El amor es un regalo que viene de Dios, es la mayor de todas las virtudes y los scouts creemos que está presente en todo lo que hacemos. ¿Cómo no retribuir a Dios su regalo respondiendo de la misma manera a Su amor?
Cuando decimos que prometemos amar a Dios no decimos que Él es el único destinatario de nuestro amor, sino que prometemos orientar nuestra vida por el amor: amor a los demás, a nuestra familia, a nuestros amigos, a las cosas creadas, a nuestro país. El amor lo es todo. El amor basta. Por eso el que ama crece como persona y se acerca más a Él.
Seamos fieles y persistentes con nuestra fe. Los seres humanos cambiamos constantemente y no somos siempre los mismos, pero no obstante la intensidad que puedan tener esas transformaciones, encontramos nuestra identidad en nuestro compromiso con nosotros mismos, con los demás, con el mundo y con Dios.
Busquemos siempre a Dios en forma personal y comunitaria, aprendiendo a reconocerlo en los hombres y en la Creación.
Integremos nuestros principios religiosos a nuestra conducta cotidiana estableciendo coherencia entre nuestra fe, nuestra vida personal y nuestra participación social. Solo de esta manera es posible tener un plan de vida y una forma de vida que responde a un estilo especial: “el estilo scout”.
[editar] 2. El Scout es leal y digno de toda confianza
Una persona es digna de confianza cuando sus actos y sus palabras son coherentes con su vida interior. El hombre y la mujer en quien se puede confiar, dice lo que cree y cree lo que dice. Es una apertura interior que nos permite encontrarnos con la persona tal cual es.
Es la sinceridad, la franqueza, la autenticidad, la coherencia, la buena fe. Es el reverso de la hipocresía, la mentira, los dobles estándares, la inconsecuencia, la mala fe.
Para ser digno de confianza hay que amar la verdad y ser fiel a lo verdadero. Se trata de vivir y de pensar -en la medida de lo posible- en verdad, aun al precio de la angustia o de la desgracia. Es no mentir al otro ni a uno mismo. Es saber que más vale una tristeza auténtica que una alegría falsa. Un verdadero scout, hombre o mujer, pone su honor en merecer confianza. En que su sí es sí, y su no es no. No cifra su honor en el dinero, el nombre, el éxito, el poder u otras condiciones similares que a menudo enorgullecen a las personas.
Todo su honor reside en que los demás confían en él o en ella porque sus actos son fieles a sus palabras.
[editar] 3. El Scout es generoso, cortés y solidario
Hombres y mujeres somos, por nuestra propia esencia, individuos en permanente relación con otros. Nuestra vida, de manera diferente y con distintos niveles de profundidad, es constantemente transformada por la presencia de otros hombres y mujeres, así como nuestros actos impactan en la vida de quienes comparten con nosotros.
Vivir en sociedad es más que coexistencia, es una invitación a convivir constructivamente entregando nuestro mejor esfuerzo para alcanzar nuestra felicidad y ayudar a los demás en la construcción de su propia felicidad.
En su nivel más modesto, la cortesía designa la gentileza de los modales, el respeto y la benevolencia hacia los demás. Los antiguos griegos veían en ella un sinónimo de humanidad, lo contrario de la barbarie.
Pero también puede ser vista en un contexto mucho más noble, como “amabilidad”: capacidad de acoger al otro porque sólo se le desea el bien. La amabilidad con los humildes se aproxima a la generosidad- con los desdichados es bondad; con los culpables puede ser indulgencia y comprensión. Desde ese ángulo la amabilidad se convierte en dulzura y se nos muestra como fuerza de paz, coraje sin violencia, valentía sensible. Es lo contrario de la guerra, de la brutalidad, de la agresividad. La amabilidad va unida a la solidaridad y al amor. ¿Cómo se podría servir a los demás y compartir con todos sin ser amable?
Ser amable de verdad, desde dentro, sin estrategia ni pose. Nada más falso que una amabilidad de mercado, en que se es amable por interés propio, por deseo de seducir, por tener éxito. Amabilidad que no es amabilidad. En ella no hay dulzura, sólo narcisismo y artificio. La amabilidad es un don de sí mismo y no puede ser fingida, como si fuera arte de la conquista o de la adulación. Deja de ser lo que es si se simula para tener poder sobre los demás.
Los scouts creemos que la invitación a compartir con los otros tiene una de sus más plenas manifestaciones a través del servicio. Creemos que servir a los demás es mirar con cuidado y respeto al ser humano, es descubrir al otro tal como es poniéndonos libremente a disposición de los demás para que cada uno sea, desde su propia dignidad, todo aquello que está llamado a ser.
No creemos en el servilismo que humilla a quien da y a quien recibe, ni en el menosprecio que se disfraza de falsa compasión. Creemos en el amor que nace del respeto y que se transforma en una actitud permanente y profunda de solidaridad, de estar con los otros y ser uno con ellos. Estamos convencidos que todo aquello que hacemos en beneficio de los demás nos permite crecer espiritualmente y ser más plenos, nos ayuda a mirar la vida con esperanza y nos acerca al misterio del hombre. Por eso los Scouts propiciamos el servicio, porque entendemos que a través de él nos encontramos con el hombre y a través del hombre descubrimos a Dios.
[editar] 4. El Scout es respetuoso y hermano de todos
El respeto es una virtud de apertura, de paciencia, de adaptabilidad. Virtud que está en las raíces del Movimiento Scout como espacio de encuentro de personas venidas de ámbitos muy diferentes, heredada del alma misma del fundador y que, por cierto, es practicable sin ir en desmedro de algún otro deber que la anteceda.
Por otro lado, ser respetuosos, servir a los demás y compartir con todos –ser hermano de todos- son, de alguna manera, caras de una misma moneda. ¿Cómo podemos servir a los demás, profunda y libremente, sin compartir con ellos? ¿Cómo podemos compartir con los demás sin que ese encuentro no nos lleve al servicio y a la entrega generosa?
Compartir es practicar el desprendimiento. Por una parte, el desprendimiento material, poniendo al servicio de los otros los bienes que poseemos. Pero más profundamente, compartir es tener una actitud abierta hacia las demás personas y sus particulares formas de ver el mundo y vivir la vida. Compartir no es simplemente dedicar tiempo a los demás, es abrir nuestra vida para que los otros también tengan un espacio en ella. Los hombres y las mujeres que comparten son personas valientes que se han atrevido a vencer sus miedos, que han confiado en los demás y que han sabido mirar por encima de los prejuicios para descubrir al otro y descubrirse ellos mismos.
Quien se siente hermano de todos descubre que todas las personas tenemos algo que comunicar, que todos necesitamos espacios a través de los cuales manifestarnos, que todos merecemos ser respetados y apreciados. Quien comparte vive la tolerancia, practica la amistad y cultiva el amor.
[editar] 5. El Scout defiende y valora a la familia
El scout construye su familia en el amor, que reconoce su dignidad y la del sexo complementario Reconoce el matrimonio y la familia como base de la sociedad, convirtiendo la suya en una comunidad de amor conyugal, filial y fraterno.
Deberemos aprender y enseñar a organizar bien nuestro tiempo tanto para estudiar o trabajar, y estar con nuestros amigos, como para compartir con nuestra familia. Es la familia, sin lugar a dudas, la primera escuela de las virtudes humanas. En la familia se trata de desarrollar “naturalmente” lo íntimo de cada uno. Si, como sabemos, la madurez natural del hombre es resultado del desarrollo armónico de las virtudes humanas, es evidente que la sociedad necesita de estas virtudes en desarrollo. Sin embargo, es difícil pensar que se podría conseguir el desarrollo armónico de las virtudes sin contar con la familia.
Normalmente, en la sociedad se encuentra un interés en las virtudes con la motivación de un mayor rendimiento. Es decir, las personas desarrollan distintas virtudes parcialmente, motivadas por el deseo de conseguir un mayor rendimiento. En la familia, sin embargo, se puede conseguir que las personas desarrollen las virtudes motivadas por el amor, por saber que todo miembro de la familia tiene el deber de ayudar a los demás miembros a mejorar, porque mientras uno convive con otras intimidades en una organización natural, lo que crece o lo que se enferma es un mismo cuerpo, una misma entidad: la familia.
Es la familia, en este sentido, la que ayuda a sus miembros a interiorizar las influencias externas culturales y sociales. La familia ayuda a traducir lo relevante del contexto a considerar en algo significativo para el yo irrepetible de cada uno.
Pero hay que tener en cuenta que así como hay “familias concretas felices, unidas, satisfechas, en desarrollo, habrá familias concretas en crisis, disgustadas, e insatisfechas. No por ello podemos decir que la familia está en crisis. Hay muchas familias en crisis porque los miembros no han descubierto las posibilidades de la institución familiar, y tampoco quieren pensar en la finalidad de sus vidas. Pero también hay muchas familias unidas y alegres.
El cuestionamiento de la autoridad de los padres es un paso necesario para a alcanzar la autonomía moral y la identidad personal. Los padres, inquietos y desesperados por las nuevas actitudes que observan en sus hijos, pueden verse tentados de reaccionar con un incremento de la autoridad, sin comprender lo que está siendo cuestionado y por qué. El responsable scout puede ayudar a los padres a entender mejor las reacciones de su hijo o hija y a los jóvenes a interrogarse sobre sus propias reacciones. Puede facilitar la puesta en marcha de una mejor comunicación, de una mutua comprensión y de una renovada relación. El bienestar emocional que experimente en sus relaciones de familia y la forma en que hoy sea apoyado, se proyectará más tarde sobre el tipo de familia que el adolescente construirá.
Estamos razonado la posible eficacia de la organización familiar refiriéndonos a distintos valores que allí se pueden vivir de un modo especial. Pero, quizás la apelación a la razón no es necesaria. Puede que baste recordar la sonrisa confiada de un niño pequeño, recordar las desgracias sufridas con cariño y deportividad, recordar los sueños y proyectos compartidos, o recordar la paz e ilusión de poder decir “ mi hogar “ para afirmar incondicionalmente el valor permanente de la familia.
[editar] 6. El Scout ama y defiende a la vida y a la naturaleza
La vida es un fenómeno extraordinario, sobrecogedor y único. La vida es el espacio y el tiempo de nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestras pasiones y nuestros esfuerzos. La vida es el comienzo de nuestra historia y nuestra historia es el encuentro con la vida.
La vida está en la frescura de la mañana. Se manifiesta aun en el dolor de la enfermedad y el horror de la guerra. La vida se hace presente en el encuentro con los amigos y en la añoranza de su afecto cuando están ausentes. La vida es sonido y silencio; el de los hombres y el de la naturaleza. La vida está en nuestros logros y en nuestros fracasos. En el hombre y la mujer que se abren paso y desafían los misterios de la ciencia y de la tecnología. La vida hace al ser humano y el ser humano está llamado a respetar la vida.
Respetar y proteger la vida es proteger y potenciar al hombre, hombre y mujer, niño, joven, adulto y anciano, sin importar su origen, raza, credo, pensamiento político o condición social, econociéndolos poseedores de una dignidad intrínseca y de unos derechos iguales e inalienables que permitan a todos los miembros de la familia humana vivir en libertad, justicia y paz.
Respetar y proteger la vida también es tomar conciencia de la relación que existe entre el hombre y las demás especies vegetales y animales. Es respetar la naturaleza y comprometerse activamente con la integridad del medio ambiente, entendiendo que el desarrollo sostenible necesita de personas que se preocupen por el futuro y estén dispuestas a asumir una actitud solidaria con el destino de la humanidad y de las otras especies que conforman el ecosistema mundial.
Para los scouts, la protección de la vida forma parte de nuestra Promesa y es un reflejo de los principios que nos guían. Nos hemos comprometido a amar a Dios, creador de la vida -la vida humana y la vida natural- y servir al ser humano, haciendo de este mundo un lugar mejor para todos, los que ahora estamos y quienes lo habitarán en el futuro.
[editar] 7. El Scout sabe obedecer, actúa y elige con responsabilidad
Cuando un scout se compromete, actúa en consecuencia: cumple lo anunciado porque es digno de confianza, completa lo iniciado porque valora el trabajo. Sabe que los compromisos se asumen frente a otras personas que han confiado en su palabra.
Quien se compromete organiza su tiempo para lograr el objetivo que se ha propuesto, respeta la necesidad de otros, se dispone a sacar adelante la tarea, aborda sin excusas la labor en que se ha empeñado. Y lo hace porque dijo que lo haría, con resolución y energía, con generosidad, sin vanagloriarse por haber enfrentado una tarea que se había comprometido a asumir.
El scout se organiza porque valora el trabajo en equipo y entiende que en el cumplimiento de los compromisos asumidos entre todos radica el éxito de la tarea. El cumplimiento de un proyecto asumido entre varios implica también aceptar que en cada situación alguien debe coordinar o dirigir las acciones de todos. Y para cooperar de manera que nada quede a medias es preciso saber trabajar en equipo: escuchar, revisar los propios modelos mentales, delegar responsabilidades, dirigir el trabajo, como también asumir las tareas aceptadas y seguir las recomendaciones. Una persona que ha sabido obedecer tendrá muchas más herramientas al dirigir y, con certeza, será más eficaz al cooperar.
El valor de la persona que se organiza radica para el Movimiento Scout en que ello es un reflejo de su capacidad de asumir compromisos, tanto con la tarea como en relación con las personas que están empeñadas en su logro. Quienes somos scouts respetamos la palabra dada y tratamos de hacer bien lo que nos hemos comprometido a hacer.
[editar] 8. El Scout es optimista aún en las dificultades
La alegría de vivir no impide la seriedad en nuestras obligaciones y relaciones. Pero seriedad no debe confundirse con gravedad. La vida llena de alegría tiene un cierto sabor a triunfo y transmite la sensación de que se le está sacando todo el jugo posible a la existencia. Quizás sea porque la alegría es expresión de felicidad y es a la búsqueda de la felicidad a lo que consagramos nuestros mejores esfuerzos.
No faltan motivos para entristecerse o enojarse, abundan las razones para desconcertarse y hasta para desesperarse. La tristeza, la ira, el desconcierto y la desesperanza hunden sus raíces en el temor. Temor al porvenir, temor a no poder controlar todo lo que nos pueda suceder, temor a que nuestra reacción no esté a la altura de las circunstancias. Y quizás ese temor se origine en una gran vanidad, en creernos demasiado importantes o demasiado poderosos.
La alegría tampoco es reírse de la desgracia, eso sería humor vano, carcajada vacía e irresponsable. Quien enfrenta la vida con alegría comienza por reírse de sus propias pretensiones, de sus propios absurdos. Entiende que la fuerza para afrontar dificultades no nace sólo de la voluntad, ésta opera mejor si se la acompaña con una sonrisa. La alegría va más allá de la comicidad pasajera y se transforma en una actitud permanente por ver el lado luminoso de las cosas y no el sombrío, como recomendaba Baden Powell.
Alegría no es reír de los demás, eso es más bien sarcasmo, burla o ironía, que lastima y no construye, pues ríe contra los demás. Es alegre quien ríe con los demás y quien invita a los demás a reír compartiendo la propia alegría.
Y es signo de salud saber reír, es señal de estar sano el saber mirar con una sonrisa hasta la situación más desesperada. Sanidad del cuerpo y también del alma. Incluso es signo que acompaña a la sabiduría, porque ¿se puede ser una persona realmente sabia sin una buena dosis de humor? El optimismo nos proporciona un escudo contra el temor, refuerza nuestra curiosidad por lo incierto, nos empuja a arriesgar y aventurar. El buen humor un impulso que no sólo nos beneficia sino que contagia entusiasmo y buena voluntad en quienes nos rodean. La alegría nos hace más lúcidos y más amables, con mayor capacidad de dar amistad y de entregarnos en el servicio a los demás.
[editar] 9. El Scout es trabajador, económico y respetuoso del bien ajeno
Los hombres estamos llamados a continuar la obra creadora de Dios. Para ello necesitamos descubrir nuestras potencialidades y a través de ellas intervenir en la construcción del mundo. Aportar con lo mejor que podemos hacer, de un modo creativo y consciente de la diversidad de las capacidades y expresiones humanas.
La historia del quehacer humano, los profundos cambios -sociales y económicos, científicos y tecnológicos- nos han llevado a la falsa ilusión que el progreso y el desarrollo están en el avance de la ciencia o en el manejo de la tecnología, incluida la informática. Ciertamente que, aplicadas en la dirección correcta, ciencia y tecnología, como otras ramas del conocimiento humano, permitirán al hombre mejorar su calidad de vida. Pero ellas no son nada sin el trabajo del hombre.
El cambio, el progreso y el desarrollo pasan por el pensamiento, el corazón y las manos del hombre. Muy pocas cosas serían posibles sin el trabajo y el esfuerzo humano. Es el trabajo el que nos ha permitido superar enfermedades, edificar ciudades, establecer formas de comunicación rápidas y eficientes, tecnificar los procesos de producción. En otras palabras, hacer realidad nuestros sueños de progreso y mejorar nuestra calidad de vida.
Porque valoramos al ser humano y respetamos los sueños y utopías de los miles de hombres y mujeres que se esfuerzan día a día, es que los scouts valoramos el trabajo. Y porque son el resultado del esfuerzo humano, es que los scouts cuidamos las cosas.
No nos interesa la mera acumulación de bienes, porque sabemos que no bastan para proporcionar la felicidad humana. No nos dejamos llevar por la sociedad de consumo, porque sabemos que la verdad del hombre no está en el tener sino en el ser. Y por ello nos esforzamos en ser cada día mejores y nos preparamos para aportar en la construcción de un mundo que albergue las esperanzas de la humanidad y descubra las potencialidades de cada uno de sus hijos.
[editar] 10. El Scout es puro y lleva una vida sana
Esta última proposición de la Ley Scout, que se refiere a la integridad y a la pureza y que Baden-Poweil agregó con posterioridad a su primer texto original, no aporta en sí misma nada nuevo a las anteriores. Sólo tiene por objeto escrutar la rectitud de espíritu con que se han aceptado y se viven todas las otras propuestas. Generalmente vinculamos la pureza con la vida sexual y es entendible que así sea porque la pureza se relaciona estrechamente con el amor; pero el amor, o la falta de amor, y la pureza, o la impureza, no sólo atañen al sexo.
Algo es puro cuando se encuentra libre de toda mezcla de otra cosa que pudiera alterar o adulterar su naturaleza. Así la pureza, entendida como rectitud de corazón o rectitud de conciencia, es lo contrario del interés, del egoísmo, de la codicia, de todo lo sórdido con que uno pudiera contaminar sus pensamientos o sus actos.
Es impuro lo que hacemos de mala gana o con malas intenciones. Es impuro lo que envilece, lo que profana, lo que rebaja, lo que corrompe, lo que pervierte el sentido de lo que pensamos o hacemos. Es impuro decir la verdad sólo cuando nos conviene, simular la lealtad, utilizar a los otros bajo la apariencia de servirlos, compartir sólo con aquellos de quienes podemos obtener un provecho, disfrazar la burla con humor, hacer las cosas por cumplir.
En la vida sexual la pureza no se encuentra en la ausencia de deseo -eso sería más bien una enfermedad- ni en la ignorancia o en la candidez. El mal no es amarse, es amarse sólo a sí mismo, amar al otro como si fuera un objeto, desear gozarlo en vez de amarlo, gozarlo en lugar de regocijarse, gozarlo como quien goza una carne o un vino, poseerlo, consumirlo. La impureza no es un exceso de amor, sino una escasez de amor.
La pureza es amar al otro verdaderamente, como sujeto, como persona, respetarlo, defenderlo, aun contra nuestro propio deseo. Amor que da y protege, amor de amistad, amor de benevolencia, amor de caridad, amor puro.
Por eso esta última propuesta de la Ley Scout invita a escrutarse, a plantearse constantemente cuánta integridad hay en nuestra alma, en lo que pensamos, en lo que decimos y en lo que hacemos. No es una prescripción externa de comportamiento aparente ni mucho menos una prohibición de decir malas palabras. Es una pregunta lacerante que nos confronta con el sentido profundo de nuestro compromiso: “los valores que viven en nosotros ¿son lo que son?”
